Roger Federer, quizá el más grande tenista de todos los tiempos, venció al número 1 Novak Djokovic en cuatro sets (6-3, 3-6, 6-4, 6-4) para avanzar a la final del Grand slam más prestigioso del circuito: Wimbledon.
Como no hay mucho de que hablar en el ámbito deportivo y menos en estas turbulentas épocas post-electorales, la frustración por falta de adrenalina deportiva crece, por suerte tenemos un pequeño oasis, una pequeña dosis de metadona para sacar la “malilla” por falta de futbol, futbol americano, basquetbol. El beisbol no lo tomo en cuenta por que es un deporte demasiado aburrido, más que el badminton o el “curling”, ese deporte olímpico que sólo practican en Canadé y que consiste en barrer nieve para que un disco llegue a un punto. Lamentable.
En fin, se juegan las rondas finales del torneo más importante del circuito ATP, Wimbledon. La histórica grama de hierba del All England Club, donde el suizo Roger Federer a alzado la copa 6 veces de 7 posibles (perdió en 2008 vs Nadal), se vistió de gala para presenciar una nueva proesa del ex número 1: llegar a su octava final, algo que nadie en la historia del deporte ha logrado. A sus casi 31 años, el gran Roger no solamente está a punto de obtener su 8vo título en el torneo inglés, se encuentra en la antesala de su 17mo título de Grand Slam y como si esto fuera poco, de ganar la final, Fedex regresa al #1 para igualar el récord de Pete Sampras de 266 semanas en la cumbre del ranking mundial.
Sin duda alguna Federer es tan eficiente como la banca y los relojes de su país natal, una máquina. Tenemos rato pensando que torneo a torneo ha perdido el dominio que hace algunos años ejercía en el circuito, sin embargo cual ave fénix resurge de las cenizas para mantenerse ahí, como uno de los tres grandes del circuito y sin duda como el referente máximo en la historia del deporte blanco. Saquen sus conclusiones, tal vez hoy día el juego del suizo no es tan dominante pero nunca ha perdido la elegancia que lo caracteriza, sobretodo con la agresividad del saque de “Nole” o el acelerado juego de Nadal, quién parece más un demonio de Tazmania en la cancha que jugador de tennis.
El desarrollo del partido de hoy queda en segundo plano, se puede resumir en que Federer mantuvo la calma y el muñequeo mientras aprovechaba las pifias de Djokovic, quien cometió el doble de errores que el suizo y lo llevaba a donde Roger se siente más cómodo, al juego cadencioso y sabrosón que te lleva de arriba a abajo por la cancha hasta sacarte de alcance de la pelota.
Que fortuna poder ver jugar a Roger, sabemos que con cada torneo que pasa estamos más cerca de su retiro y verlo de vuelta en la final de un torneo grande y con la posibilidad de volver al número uno que le fue arrrebatado hace ya bastante tiempo nos hace creer que todavía tenemos Federer para al rato. No señores, no lo estoy “cromando”, es simplemente la mera y llana verdad.

