Nada sería mejor que hablar y hablar del debut de Arctic Monkeys en México sin tener que mencionar a los organizadores, lamentablemente eso es imposible así que analicemos la crónica de la inexistente organización que, con todo, no evitó que los fanáticos mexicanos se vieran bien en la pista de baile.
Alrededor de las 6 se podía ya escuchar a los ingleses haciendo el chequeo de sonido con Dance Little Liar entre balbuceos de Alex Turner, los fans no sabían si seguir gritándoles desde afuera mientras jalaban las mantas de plástico que tapaban la visibilidad o correr a formarse al acceso. Ya en la entrada del Estadio Azteca el ambiente era digno de un gran festival, como si no fueran a ser tan solo dos bandas esa noche, gritos, porras, gafas, extravagancia y mucha cerveza iba de un lado a otro. Una fila única para dos diferentes secciones (general y preferente) y una guerra de botellas de plástico y vidrio (sí, leyeron bien del latín Vitrum) fueron quizá un par de presagios de organización inexperta que quitaría algo de brillo a nuestros chicos de Sheffield, Inglaterra.
Ya adentro todo lucía como cualquier otro buen concierto y la expectación todavía era brillante entre la gente hasta que el sonido local comenzó a pedir insistentemente y por más de una hora que todos al frente de la barra del escenario dejara de empujarse y se recorrieran hacia atrás “en orden”. Tal petición de por sí risible fue ignorada como lo es en cualquier otro concierto de esta naturaleza, el espécimen rockero ya conoce las reglas del juego, si quieres estar hasta adelante sufre y suda entre la muchedumbre, si quieres evitarlo salte de la masa. Sencillas reglas que se siguen alrededor del mundo pero que al parecer asustaron a los señores de Ache Producciones y sus endebles instalaciones cuando solamente el 25% de la zona preferente estaba ocupada.
Y si la desesperación de años por escuchar a una banda cuyos dos primeros álbumes son explosivos e irresistibles no fuera suficiente, tener boleto y ser negado a entrar la zona que pagaste o salir al baño y también ser negado a regresar a la zona que pagaste creó un ambiente de protesta que aumentó con el paso de las horas y la llegada de más y más gente. Granaderos corriendo de un lado a otro, vallas improvisadas para crear una sub-sección dentro de preferente, público aclamando a OCESA, el sonido local apaciguando y anunciando el eterno comienzo del evento, rumores de cancelación, niñas llorando por no poder salir a los sanitarios, todo se convirtió en un caos organizacional para el olvido.
Pero México pudo soportar eso y pasadas las 11:30 pm Alex saludó: “Gracias por su paciencia” Y por los siguientes minutos todo quedó en el olvido Dance Little Liar, Brianstorm, This House is a Circus, Red Right Hand (cover a Nick Cave), Still Take You Home, Potion Approaching, My Propeller,Crying Lightning,The View from the Afternoon,I Bet You Look Good on the Dancefloor,Cornerstone, Do me a Favor Pretty Visitors , When the Sun Goes Down, If You Where There Beware. Un encore cortísimo aunque particularmente con una nueva versión de Fluorescent Adolescent que sorprendió con nuevos acordes y letra pero sin perder el esqueleto original, los fans lo agradecieron. Baile sin control entre la multitud y esporádicas participaciones de Alex que en un intento fallido de hablar español simplemente dijo “Take care each other”.
Arctic Monkeys simplemente cumplió, no ofreció nada extra, sea por decisión o por entendible mal humor de la banda. Quienes querían bailar y rockear sin parar cumplieron su objetivo y al sonar 505 todos sabíamos que sería la última, esperamos ser más hospitalarios la próxima ocasión, no podemos tolerar otros 2 álbumes sin verlos tocar. Ni podemos tolerar que Arctic vuelva a ser escrito con Ache.
Humbug!


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